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La cortina moral

La cortina moral

La cortina moral

Rashid y Michael se encontraron de manera puntual en el andén de la estación de trenes para subir a bordo del tren con destino a París y que pasaría por el túnel del Canal de La Mancha. Se pusieron a buscar un sitio donde sentarse para esperar el momento de la salida del tren.

Michael: Creo que tenemos suficiente tiempo para hablar de vuestro punto de vista acerca de la forma de vestir de las mujeres. Me hablarás del hiyab, ¿no?

Rashid: Mucha gente cree que el hiyab es una simple prenda y un velo para la cabeza. Ignoran que el hiyab en realidad es una manera de pensar y un sistema social. Debemos ver ese asunto dentro de ese marco.

Michael: Creo que has complicado el tema, y le estás dando más importancia de la que se merece.

Rashid: Nosotros vemos que los humanos difieren a la hora de determinar los límites a la hora de cubrir sus cuerpos. Cada grupo de personas ve que sus limitaciones son el verdadero desarrollo y que son la verdadera señal de la civilización. Mientras un grupo considera al otro como mojigatos retrógradas, éste considera al primero unos perdedores libertinos. La visión de cada grupo hacia el otro parte desde bases morales e ideológicas que le pertenecen. Por ello, es indispensable llegar a un acuerdo acerca de una referencia que establezca las características generales de la vestimenta en cuanto a cómo debe de cubrir el cuerpo.

Tal y como te digo, el tema depende de ti y es bastante extenso. No obstante, deja que te exponga primero algunas bases que puede que acerquen nuestras posturas.

Michael: Adelante.

Rashid: Creo que estamos de acuerdo en que es imposible encontrar una solución o varias soluciones a los problemas esenciales de la vida humana, excepto una vez que comprendamos la naturaleza del ser humano y conozcamos su realidad de manera integral.

Michael: Naturalmente.

Rashid: Creo que el desarrollo científico sorprendente e incesante que presenciamos es una prueba de la limitación del saber del ser humano. Cosas que ayer le eran desconocidas, son descubiertas por él hoy. Cosas que ayer consideraba indudables, son reexaminadas y corregidas hoy. Y de esta forma el ser humano también descubrirá mañana que hoy fue ignorante, o al menos, limitado en sus conocimientos. Esto es lo que el Corán menciona cuando dice: “No os ha sido dado excepto un saber escaso.” [Al-Isra’:85]

Michael: Estoy de acuerdo contigo. Pero, ¿qué tiene que ver esto con nuestro tema?

Rashid: Ten paciencia conmigo amigo mío. Aún no he terminado.

Si estamos de acuerdo en esto, entonces sabremos de forma automática que en cada asunto existen aspectos a cuyo fondo no tenemos acceso. Esto, si suponemos nuestra neutralidad y nos mantenemos ajenos a todos los caprichos e inclinaciones personales, además de las influencias de nuestro entorno, cosa que es muy difícil de evitar. Si a pesar de todo, nos disponemos a solucionar estos problemas de esta manera, caeremos en la confusión, y las medidas que tomemos a base de esto, serán deficientes y contraproducentes, llevándonos en dirección contraria a la correcta que pretendemos con nuestras soluciones.

Michael: Ese es un resultado lógico, pero, por otra parte, no queda ante nosotros otra alternativa que usar nuestras mentes y emplear los logros intelectuales y los conocimientos de los que disponemos, entrando en la experiencia, aprendiendo de nuestros errores y corrigiéndolos. Esto es mejor que dejar los problemas sin solucionarlos y esperar a que la humanidad llegue a un nivel de moderación que nos permita enderezar todos nuestros asuntos.

Rashid: Entonces, tú coincides conmigo en que es necesario que dichas soluciones se caractericen por un defecto o un exceso. Pero tú opinas que nosotros tenemos necesidad de ello, y que no tenemos otra alternativa ante nosotros.

Michael: Sí, es lo que creo.

Rashid: Sin embargo, tenemos otra alternativa que nos evita estas imperfecciones.

Michael: ¿A quién te refieres con eso de “tenemos”? ¿Y qué es esa solución?

Rashid: Me refiero a que nosotros, los musulmanes, tenemos una alternativa que consideramos la salvación de la humanidad. Dicha alternativa se resume en que Aquel que creó a la humanidad es Quien la conoce mejor. Tal y como dice Dios, alabado sea, en el Corán: “¿Cómo es posible que Aquel que ha creado [todo] no sepa [todo]? ¡Sí, sólo Él es inescrutable [en Su sabiduría], consciente de todo!” [Al-Mulk:14] Sólo Él, glorificado sea, conoce las características del ser humano, aquello que necesita, aquello que le beneficia y aquello que le perjudica. Y al mismo tiempo, Él, exaltado sea, está por encima de los deseos, los impulsos, los sentimientos y las tendencias humanas. Por lo cual, Él, alabado sea, es el único capaz de establecer un método válido para los humanos, con sabiduría y moderación, y eso es lo que se manifiesta en el Corán.

Michael (interrumpiendo): Tus palabras son lógicas señor Rashid. Pero no olvides que yo no creo en tu religión, así que no me aportes como prueba algo en el que no creo. Háblame de cosas en las que convengamos, tal y como dialogábamos antes.

Rashid: A pesar de que esta base es el pilar de la sumisión de cada musulmán y que yo creo que debería ser la misma para todo ser humano, no tengo ningún inconveniente en continuar nuestro debate de la manera que veas oportuna. No obstante, debo hacerlo a la luz de mis convicciones personales, es decir, dentro del marco social que te mencioné, diciendo que el hiyab forma parte de él.

Michael: Está bien.

Rashid: En el último encuentro dijiste que no podemos ignorar el carácter material del cuerpo humano, e incluso su carácter animal. El hombre se siente atraído de forma natural hacia la mujer, y lo primero que lo atrae hacia ella es su cuerpo. De allí que, la ropa que deja al descubierto su cuerpo es una tentación que, de forma indirecta, excita e invita al hombre a molestar y a acosar a la mujer.

Michael: No obstante, veo que esa visión lleva implícita una humillación tanto hacia la mujer como hacia el hombre. Es una humillación a la mujer al hacer hincapié en su cuerpo y descuidar su mente, su cultura y sus valores morales. Además, la ve como si fuese una persona incapaz, que no puede protegerse. Asimismo, es una humillación hacia el hombre al verlo como si fuese un lobo feroz obsesionado con devorar sexualmente a su víctima.

Rashid: ¿Acaso piensas que, cuando una mujer se pone a maquillarse y a escoger su ropa extravagante con otra mujer, lo hacen para satisfacer la mente suprema del hombre o la nobleza de sus modales? ¿O es que lo hace, al menos, para gustar a los hombres, por no decir excitarlos y cazarlos? ¿Acaso crees que cuando un hombre ve a una mujer bella y maquillada se queda atónito por la sensatez de su mente o se derrite desde el primer vistazo enamorado por la amplitud de su cultura general?

Todos sabemos que los seres humanos tienen diferentes niveles de impulsos e instintos y de predisposición a traspasar los límites. Asimismo, tienen diferentes grados de excelencia, virtud y ética. El hiyab deja claro que, la mujer que lo lleva, es una mujer casta que no quiere llamar la atención de los hombres para que intenten ligar con ella o para excitarlos. Así pues, se convierte en un factor disuasorio para aquellas personas de almas débiles y de malos modales. El Corán explica con claridad que, el hiyab, es una protección para las mujeres contra los depravados.

Michael: Sin embargo, Sr. Rashid, veo que la conducta de algunas mujeres que llevan el hiyab no coincide con esos modales excelsos. Esto confirma que el tema se debe a otros factores diferentes al uso del hiyab; como son la educación y la observancia de los valores morales.

Rashid: Tus palabras son correctas por un lado. Nadie afirma que con el mero hecho de ponerse un trozo de tela, la mujer se convertirá en una mujer virtuosa. No obstante, una cosa no quita la otra; o lo que es lo mismo, ello no conlleva quitarse el hiyab. Si suponemos que alguien finge ser un doctor, o que un doctor comete un error o aprovecha su profesión de manera desviada, ello no quiere decir que el defecto está en la propia profesión de la medicina. Significa que aquella persona que cometió el error necesita ser enderezada. Dicho doctor, o dicha mujer que lleva el hiyab o cualquier otra persona, son humanos al fin y al cabo. Están sujetos a las debilidades humanas.

Por otro lado, cuando el Islam establece el hiyab como medida preventiva contra la caída en el pecado o seguir su camino, no se limitó a la propia prenda. Más bien, abarcó un sistema completo de códigos morales y de medidas para garantizar lograr un alto nivel de virtud en la realidad humana. De forma resumida, la mujer virtuosa lleva el hiyab, y no toda mujer que lleva el hiyab es necesariamente una mujer virtuosa.

Michael: Pero, ¿acaso no conlleva esto una visión negativa que consiste en la demonización del cuerpo de la mujer? ¿Acaso lo indicado es que excluyamos?

Rashid: Cuando el Islam establece la obligatoriedad del hiyab, no es porque el cuerpo sea un defecto que haya que cubrir, sino que lo obliga para que los instintos sexuales naturales del hombre no sean suscitados. Especialmente aquellos hombres de almas débiles y malos modales. Así pues, legisló el hiyab para proteger a la mujer de cualquier acoso o violación por parte de los hombres, y para proteger a los hombres de cualquier tentación que les lleve al adulterio. Asimismo, la ley islámica vela por proteger y mantener los sentimientos afectuosos y las relaciones sexuales sólo dentro de los límites de las relaciones conyugales, llevando así a una cohesión de la estructura social.

Michael: Pero Sr. Rashid, si el hiyab es una medida preventiva para evitar la atracción de los hombres hacia las mujeres, ¿por qué no llevan hiyab los hombres para evitar la atracción de las mujeres hacia los hombres? ¿Acaso ellas no sienten también impulsos hacia los hombres?

Rashid (riéndose): Una Buena pregunta… El Islam enseña, de hecho, límites para la vestimenta de los hombres, aunque mucho menos estrictos que los establecidos en el caso de las mujeres. Quizás la sabiduría detrás de esto quede más clara si conocemos las características de cada uno de los dos sexos. Un estudio reciente conducido en EE.UU. por el Dr. Bejamin Hayden, especialista en neurología en la universidad de Duke, y publicado por el periódico alemán Berlinner Morgen Post, afirma que el hombre disfruta con mirar a la mujer debido a que, algunos centros cerebrales, empujan al hombre a poner un esfuerzo para sentir placer mirando a la mujer atractiva, mientras que la mujer no pone ningún esfuerzo para mirar al hombre atractivo.

A través de este estudio, se investigaron las razones que empujan al hombre a hacer ese esfuerzo en ocasiones costosos, para disfrutar viendo a una mujer guapa y atractiva, e investigaron también el poco esfuerzo que ponen las mujeres. Descubrieron que la diferencia marcada entre los dos sexos se debe a diferencias en sus cerebros. Hallaron que en el cerebro masculino existen ciertos centros que se activan al ver una mujer atractiva haciendo que el individuo sienta placer. Pero la situación es diferente en el caso de las mujeres, ya que no se ven afectados dichos centros de ninguna manera al ver a un hombre atractivo.

Entre las conclusiones que se sacaron de este estudio está, que lo primero que llama la atención del hombre al ver a las mujeres atractivas es la cara, mientras que las mujeres se fijan en el aspecto general sin centrarse en una parte en concreto.

Otro punto es que el hombre es más atrevido a la hora de acosar a la mujer, puesto que, según los estudios, el porcentaje de crímenes en el caso de los varones es en general cinco veces aquel de las mujeres. Así pues, si la mujer cierra la puerta de la excitación sexual y no da ese primer paso, evitará el atrevimiento del hombre a traspasar sus límites o agredirla.

Michael (impresionado): Veo que ya es hora de subir a bordo del tren… vamos.

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