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La copa del olvido

La copa del olvido

La copa del olvido

Rashid vino a ver a su amigo Michael en un café a la hora que habían fijado. Nada más sentarse los dos, Michael se dirigió a Rashid diciendo:

Esta tarde te voy a plantear una cuestión y creo que coincidirás con mi opinión al respecto.

Rashid: Bueno, tranquilo amigo. Primero, pidamos algo de beber para darte la bienvenida.

Michael: Perdona mi ímpetu. Tienes razón…

Michael llamó al camarero, quien no tardó en dirigirse a ellos y preguntar a Rashid qué quería para beber.

Rashid: Té, por favor.

El camarero (sorprendido): ¿Té?

Rashid: Sí, con limón.

El camarero (incluso más sorprendido): ¿Con limón?

Michael (riéndose): Sí, es musulmán y no bebe alcohol. Yo también quiero té con limón para no quedar mal com mi amigo y para que haya concordia.

Se fue el camarero para traerles sus pedidos, mientras Rashid murmuraba: “No sé por qué les resulta tan extraño.”

Michael: Amigo mío, aquí en este sitio y este país beber alcohol es como beber agua. Existen muchos tipos de bebidas alcohólicas, con incontables nombres, diferentes sabores y distintas formas de beberlas. De allí que al camarero le extrañase que la bebida que has pedido no contenga nada de alcohol. Eso es cosa de niños… ¡perdona!

Rashid: Pero eso es extraño.

Michael: ¿Y qué tiene de extraño? No es nada nuevo para nosotros. No es algo exclusivo de nuestro país sino que es así en Occidente en general.

Rashid: Eso es precisamente lo extraño.

Michael: ¿A qué te refieres?

Rashid: Pues, a que sois pueblos cuya mayoría se declaran cristianos y se supone que creéis en la Biblia. Y, de hecho, el Antiguo Testamento explica que consumir alcohol constituye un gran perjuicio y avisó contra ello diciendo: “No estés con los bebedores de vino.” [Proverbios 23:20] “¡Ay de los que se levantan muy de mañana para seguir la embriaguez; de los que trasnochan, hasta que el vino los enciende!” [Isaías:5:11]

Y en la Biblia encontramos: “Y Dios habló a Aarón, diciendo: tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones.”[Levitas 10:9]

“Y el Ángel de Dios respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni licor, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé.” [Jueces 13:13-14]

Además de muchos otros pasajes que amonestan a quienes beben alcohol, desaconsejan juntarse con bebedores, y reprenden incluso a quienes lo miran.

Michael: ¡Despacio Rashid! No creas que eres el único que conoces los libros sagrados. Tenemos a muchos clérigos que permiten consumir alcohol, algunos citan del Antiguo Testamento el hecho de que algunos profetas bebieron hasta quedarse ebrios. También escuché a alguien decir que lo único prohibido es embriagarse. El Evangelio cuenta que Jesucristo bebió vino, viene en el Evangelio de Lucas (7:33): ““Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Tiene un demonio.

Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre glotón y bebedor de vino.””

Rashid: Querido amigo… me temo que lo que mencionas nos lleva a dos graves problemas cuyo efecto se ve sobre el individuo y las sociedades occidentales:

Primero: Siento decir que la realidad de vuestro libro sagrado actual confirma que contiene numerosos textos que han sido introducidos en él y que las manos que están al servicio de Satán han podido falsificarlo, lo cual hizo que fuese contradictorio en varias creencias. Entre ellas está el hecho de que declare al alcohol ilícito a veces y lícito en otras. Adscribe al Mesías el haber bebido alcohol a la vez que lo exalta por encima de ello. En el Evangelio según Lucas (1:15) leemos una descripción del Mesías, que la paz sea con él, en boca del Arcángel Gabriel, la paz sea con él: “Pues será grande a los ojos del Señor, no beberá jamás ni vino ni licor.” La contradicción es evidente.

Segundo: vuestros clérigos acaparan la Biblia, otros declaran que hablan en nombre del Señor, y otros muchos ven que tiene la autoridad de declarar las cosas lícitas o ilícitas, mientras que vosotros os limitáis a seguir lo que os dicen.

Michael: Tienes razón en ello, y por eso te seré sincero. Muchos de nosotros ni siquiera creen de verdad en la Biblia, desconfían de los sacerdotes y de la Iglesia, y nuestras sociedades han conocido grandes cambios desde el renacimiento. Por esta razón, a la hora de la verdad y en el terreno de la realidad, nuestra fe se centra en exclusiva en la razón y en las ciencias materiales. Así que déjanos de los libros sagrados y de la religión, y hablemos de razón y de ciencia.

Rashid: Permíteme primero que te diga que este es vuestro propio problema con la religión como resultado de la opresión que habéis sufrido por parte de la Iglesia, y la lucha de ésta contra la ciencia, especialmente en las épocas medievales. Desafortunadamente, veis a todas las religiones. como si fuesen otra Iglesia; os imagináis que está en conflicto con la ciencia y que debería limitarse a estar en los lugares de culto. En el Islam, en cambio, no sufrimos de este problema. Nuestra religión incita a buscar la ciencia y el saber, no contiene dogmas sagrados que acaparen los clérigos.

Generalmente hablando, hablemos el lenguaje que te convenga y convenza; aunque ello no contradice mi creencia y es algo que te voy a probar.

Michael: En ese caso, adelante.

Rashid: Dijiste que actualmente creéis únicamente en la razón y la ciencia. Para empezar te pregunto: si la razón tiene esta importancia, ¿acaso el alcohol preserva la razón o es que la anula?

Michael: Eso no es una pregunta, es una trampa.

Rashid: Dios ha dignificado al ser humano y le ha dado preferencia por encima de muchas otras criaturas; lo bendijo con el don de la razón. En el Islam, Dios hizo que quienes carecen de razón carezcan de responsabilidad religiosa. Dios, alabado sea, nos ordena preservar esa grandiosa facultad y no perjudicarla con cualquier cosa que la afecte. De hecho, su protección es uno de los cinco fundamentos legales en el Islam, y por ello, prohíbe beber alcohol o consumir drogas o sustancias similares que anulen la razón.

Michael: ¿Y cuáles son esos cinco fundamentos que has mencionado?

Rashid: Entrar en esa cuestión nos sacaría del tema, pero, generalmente hablando, son: la religión, la vida, la razón, el honor y la hacienda.

Michael: Muy bien... ¿decías?

Rashid: Es bien sabido, científicamente, que el alcohol se absorbe de forma rápida en el estómago y el intestino delgado, llegando así, de forma casi instantánea a la circulación sanguínea y asimilándose con suma facilidad por los tejidos del cuerpo, como son las células del sistema nervioso central.

El alcohol surte efecto incluso si es consumido en cantidades muy pequeñas (0,03% aproximadamente) sobre las funciones de las células nerviosas ralentizando así la transmisión e interconexión de las señales nerviosas; cosa que resulta en una disminución de la concentración, un desequilibrio en las funciones motoras y una incapacidad de tener un juicio exacto sobre las cosas. Por ello, nuestro Corán prohíbe tajantemente el vino y el alcohol: “¡Oh creyentes! Los estupefacientes, los juegos de azar, las prácticas idólatras y la adivinación del futuro no son sino una abominación, obra de Satán.” (Al-Ma’ida:90)

Michael: No obstante, vemos que el alcohol tiene algunos beneficios entre los cuales está una sensación refrescante a la vez que cálida, especialmente en países tan fríos como los nuestros.

Rashid: El Corán no niega que tenga algunos beneficios. Dios, glorificado sea, dice: «Te preguntan acerca de los embriagantes y los juegos de azar. Di: “En ambos hay un gran perjuicio y también algunos beneficios para los hombres; pero el perjuicio que causan es mayor que su beneficio.”» (Al-Baqara: 219). Dado que estos beneficios ni siquiera son comparables con sus perjuicios, el Corán lo declaró ilícito. Hablemos usando la ciencia en la que crees:

Aparte de sus efectos negativos sobre la conducta, sus daños psicológicos y sociales, puede llevar a acciones inconscientes, incluso a cometer crímenes, sufrir daños financieros y materiales, y perjudicar a los demás. Además de todo esto, la ciencia confirma que el consumo de alcohol, especialmente hasta llegar a la embriaguez y el alcoholismo, tiene consecuencias dañinas en la salud

Afecta a las glándulas del cuerpo en general, y causa los siguientes desequilibrios en la salud:

Causa la congestión del aparato reproductor.

Causa úlceras estomacales, inflamaciones del apéndice y en el sistema digestivo en general.

Causa graves inflamaciones directamente en la boca, la garganta, el estómago, los intestinos, los nervios y las glándulas endocrinas.

Causa la inflamación y la desintegración del hígado, asimismo causa la fibrosis hepática, que llega al estado de cirrosis incurable y que lleva al cáncer de hígado.

Los efectos nocivos del alcohol sobre el sistema respiratorio son difíciles de enumerar.

En cuanto a lo que dices acerca de entrar en calor gracias al alcohol, eso ocurre como efecto de la sangre cargada de alcohol sobre la piel. Se genera una ensanchamiento en los vasos sanguíneos “capilares” tanto arteriales como venosos, y así encontramos que la superficie de la piel se llena de sangre caliente que proviene de las distintas partes del cuerpo trayendo calor y calidez; cosa que le da a la persona que consume alcohol una falsa sensación de calidez. Como resultado, notamos que la piel de dicha persona toma un color rojizo y no siente frío. La circulación de la sangre caliente continúa desde las diferentes partes del cuerpo hacia la piel en su circulación habitual, perdiendo así el cuerpo su calor interno y la calidez necesaria para las operaciones fisiológicas necesarias para la vida.

Existen varios mecanismos para adquirir ese calor durante el consumo de alcohol, y es bien sabido que los musulmanes que viven en regiones frías no usan alcohol con el fin de entrar en calor.

Michael: No obstante, dese cuenta señor Rashid de que todo lo que dice es aplicable sólo a la situación de llegar a la embriaguez. Por lo tanto, yo creo que no hay nada de malo en consumir un poco de alcohol.

Rashid: El problema radica en que el alcohol lleva, al empezar a consumirlo, a una sensación de mejora en nuestro humor y a una sensación de placer, pero luego el cuerpo empieza a exigir más alcohol empujando a la persona que consume alcohol a pedir más bebidas alcohólicas. Y así, cuanto más aumenta el porcentaje de alcohol más alcohol necesita el cuerpo.

Deja que te mencione de forma resumida un estudio médico neozelandés que indicó los daños resultantes del consumo de las bebidas alcohólicas, incluso en cantidades pequeñas o moderadas, y que superan cualquier beneficio que se pueda esperar de ello. Esto contradice una idea equivocada muy común en Occidente de que una copa de vino al día puede prevenir enfermedades cardíacas. En el artículo científico publicado en la revista de The Lancet, el doctor Rod Jackson, científico y especialista en patología en la universidad de Auckland, Nueva Zelanda, observa que cualquier prevención contra las enfermedades cardíacas mediante el consumo reducido o moderado de alcohol, es insignificante y no equivale a los daños que genera.

Y aquí podemos ver el milagro científico y en materia legislativa en el noble hadiz (dicho del Profeta Muhammad) que dice: “Cualquier [sustancia] embriagante es ilícita, y aquella [sustancia] que embriaga en grandes cantidades es [también] ilícita en pequeñas cantidades.”

Michael: ¡Wow! No ha sido sólo un debate cálido sino que fue caliente. Creo que necesito un vaso de zumo de limón frío para concluir nuestro encuentro.

Rashid (riéndose): ¿Limón sin té? Pero si ni siquiera has mencionado el tema que dijiste que coincidiría contigo en él.

Michael: Dejemos que sea el tema de nuestro próximo encuentro.

Rashid: Si Dios quiere.

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La religión de lo mundano y lo trascendental