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El anciano

El anciano

El anciano

(1)

Tras una depresión aguda que le afligió durante mucho tiempo, se vio decidido, sacó un papel y escribió:
Querida Catherina, me voy para no volver, acabaré con mi desgracia que no deja de perseguirme; lo digo sinceramente: voy a acabar con mi vida, perdóname pues, y que me perdonen mis hijos.
Y siguió su camino…
Estaba dubitativo, a pesar de que lo había pensado mucho, no encontraba salida de su desgracia salvo el suicidio, andaba con pasos muy lentos, hablando consigo mismo: ¿Acaso estoy realmente enfermo? Catherina lo decía siempre, y me incitaba a tener fe y confianza, siempre me repetía:

• La incertidumbre es una enfermedad George, no te rindas ante ella.

También su padre le veía enfermo, le repetía que la incertidumbre era una enfermedad hereditaria, que le había sido transmitida de la familia de su madre, y le aconsejaba pararla para que no acabase en un manicomio. También su director en el trabajo, el judío Cakh, se reía mucho de él y le decía en un tono empático y burlón:

• Querido George, me siento mal por ti, te preocupas en vano, pues aquello en lo que piensas no aumenta tu riqueza y te impide gozar de la vida.

George, de treinta y ocho años, casado desde hace diez con Catherina de nacionalidad británica como él, nativa de la India, tuvieron tres hijos: Mary, la mayor (debía de tener diez años, pero murió a los siete años) Michael (ocho años) y Saly (seis años). Desde que murió su hija mayor Mary en un accidente de tráfico, y por culpa de pensar mucho en el sentido de la vida y la muerte, y por su pasión por la filosofía y su inteligencia aguda, se incrementaron sus interrogantes, ya que George era un lector insaciable que disfrutaba leyendo libros de filosofía, historia y religión, y puede que haya sido esa pasión la que le había llevado a casarse con Catherina, católica y profesora de teología.
George encontraba en ella la fe y la convicción que le faltaban a él, a pesar de que era protestante. Mientras él dudaba de todo y se preguntaba por todo, admiraba en ella su dedicación y su tolerancia a sus dudas, pero se excusaba a sí mismo con que poseía lógica, inteligencia y raciocinio, de los cuales Catherina la creyente, carecía. Dialogaba con ella mucho; y esas conversaciones le parecían debates entre la razón que él representaba y la fe y la sumisión que ella representaba; y entre el verdadero realismo de él y el fantástico idealismo de ella, mientras que para Catherina eran debates entre la entrega y la devoción de ella y la incertidumbre y la enfermedad de él. Y siempre estos debates acababan en un silencio muy largo, y si no fuera por el amor que les unía se habrían divorciado desde hace mucho tiempo.
Pero la acentuación de la incertidumbre de George tras de la muerte de su hija hizo que estos diálogos se hicieran más fuertes y más duros; y las grandes preguntas como: ¿Por qué hemos sido creados? ¿Por qué vivimos? ¿Hacia dónde vamos? Empezaron a dominar su pensamiento. Pues estas preguntas aunque parecen fáciles y sencillas son en realidad muy complejas, por eso los filósofos inteligentes que meditaron en las nociones de la vida y de la existencia, discutieron mucho sobre ellas. Él estaba convencido de que la respuesta a estas preguntas traería estabilidad, seguridad y felicidad a la vida del hombre.
Mientras caminaba hacia el suicidio, recordó muchas escenas de su vida, recordó a su hija en urgencias en el hospital luchando contra la muerte que le venció y le arrebató su belleza, su vida y también su alma, recordó a su hijo Michael preguntándole un día al regresar cansado del trabajo:

• Papá, ¿por qué vas al trabajo todos los días?

• Para tener un papel en la vida y para conseguirte lo que necesites y desees.

• ¿Qué quieres decir con papel en la vida?

• Servir a la gente y beneficiar a la humanidad.

• ¿Por qué?

George suspiró y sintió que la pregunta le sacudía por dentro y respondió:

• Por algo importante que ni tú ni yo conocemos…

• ¡Tú eres mayor papá, y no lo conoces! Cuando yo crezca lo conoceré todo, y no dejaré nada importante sin conocerlo.

• Michael, cielo, olvídalo.

Luego se puso a reír y se dijo a sí mismo: “este es el consejo que me dicen diariamente: < olvida esas preguntas y disfruta de tu vida>”; y dijo a su hijo:

• No te preocupes, te contestaré algún día.

• Papá, has terminado tus estudios y lees mucho, ¡y no lo sabes!

• ¿Has acabado tus deberes, cariño?

• Sí

• Entonces buenas noches.

Permaneció hablando solo y caminando con pasos lentos: “parece que estoy enfermo como dice Catherina, o estúpido desperdiciando mi vida como dice Cakh, u obsesionado como dice mi padre, o… o ignorante como dice Michael, quizá Michael tenga razón, pero es gracioso que le haya respondido del mismo modo en que me responden los demás: “¡olvídalo!” Parece que he aprendido a huir hacia delante como los demás”.
Mientras caminaba hacia el lugar donde pensaba suicidarse, recordó el día en que, -bajo una depresión muy fuertehabía bebido hasta emborracharse, y había conducido y se chocó contra una pared; y salió de su coche tambaleando con un libro en la mano titulado: “la filosofía de la felicidad”. Entonces un agente de tráfico le detuvo y le dijo:

• ¡¿Es esta la filosofía de la felicidad o la filosofía del suicidio!? ¡¿Acaso no conoces el delito de conducir en estado de embriaguez!?.

Aquel día Catherina pagó la fianza y le dijo:

• No deberías conducir estando ebrio.

Le contestó burlándose:

• ¿Tu consejo no era que olvidara?

• No de esta manera.

• ¿Y tú por qué sales y bebes todos los días?

• Yo bebo y festejo en los rituales del servicio a Cristo en la iglesia.

Le contestó con maldad:

• ¡¿Copa sagrada y alucinación bendita, o es otra huida distinta…!?

• ¿Sabes qué? ¡Hablar contigo se ha vuelto muy cansino! porque temes reflexionar, y huyes y te refugias en beber y velar, como yo, pero tú le pones un disfraz sagrado.

Las palabras de George eran muy duras, ella suspiró con tristeza y frustración y dijo:

• Al menos yo no necesito un psiquiatra como tú.

• Tal vez sí. ¿Quién sabe?.

(2)

Durante el camino que le parecía muy largo, los recuerdos y los pensamientos bombardeaban su mente, estaba en un estado horrible de incertidumbre y confusión, miraba a la gente a su alrededor, y le parecían máquinas sin vida ni sentido, se preguntaba: “¿cómo los humanos aceptan transformarse en robots sin vida?” Y mientras caminaba perplejo, observó a un anciano de unos setenta años jugando con su nieto con alegría, sintió curiosidad por sus risas, entonces se acercó a él y le dijo:

• Perdone que le interrumpa, es usted feliz?

El Viejo le miró extrañado y contestó:

• Sí. Y volvió a jugar con su nieto.

George le interrumpió otra vez:

• ¿Cómo? Quiero decir: ¿por qué es usted feliz? ¿Por qué vive?.

El anciano le miró fijamente y le dijo:

• Has contestado tú mismo a tu pregunta.

• ¿Cómo?

• Estoy feliz porque sé por qué vivo, así de simple.

• ¿Por qué vivo? Por favor contésteme.

• Pregúntate a ti mismo, yo no puedo, solo tu alma y tu vida te pueden contestar a esta pregunta.

• Se lo suplico dígamelo.

• Te dije que tu alma y tu vida te pueden contestar a esta pregunta de una manera muy sencilla, yo no puedo convencerte de algo que tu alma y tu vida rechazan.

El anciano continuó con firmeza:

• ¿Acaso eres un adolescente para que te dicte mi visión sobre la vida y el universo, o es que te has acostumbrado a ser una carga para los demás? Si me disculpas no me distraigas de jugar con mi nieto.

• Le pido disculpas otra vez, ¿cómo pueden mi alma y mi vida contestarme?

• Noto sinceridad en tu tono, déjame decirte una cosa, si te fijas en cualquier collar notarás que necesita una cadena muy fina que ordene y alinee sus abalorios, y así es nuestra vida, necesita esa fina cadena de conocimiento que forme nuestra razón de existir y de vivir… y de estar felices también.

• ¿Cómo? ¡Explíqueme!

• Si eres sincero hallarás la clave de la respuesta en la búsqueda, la perseverancia, la voluntad y en intentar acceder a ella.

• ¿Acceder a qué?

• ¡A la felicidad!

• ¿Cómo?

• ¡Busca el camino de la felicidad! Así tu alma estará sosegada y tu vida y el universo tendrán sentido! Ahora si me disculpas, no me hagas perder más tiempo, quiero jugar con mi nieto.

• Bueno… yo no conozco el camino de la felicidad, pero tal vez si persisto llegaré a ese camino como dice. ¡Si es que existe!

• Existe, de lo contrario la vida no tendría sentido, de todos modos házmelo saber cuando hayas encontrado la respuesta, y la encontrarás si persistes, y sabrás entonces como te pueden contestar tu alma y tu vida, y encontrarás la fina cadena que daría sentido a todas las partículas de tu vida.

• Eso espero, pero, ¿cómo se llama? ¿Y dónde vive?

• Si sigo vivo me encontrarás en este lugar, y en esta misma hora los viernes, dime tu dirección y te enviaré la mía más tarde.

Luego se dirigió hacia su nieto y le lanzó el balón, George contestó con asombro:

• Gracias, aquí tiene mi dirección.

Y se alejó de él...
Anduvo un poco, y sintió un cansancio y una fatiga que nunca antes había experimentado incluso en los días en que tenía mucha presión en el trabajo, entonces decidió tomar un poco de vino para refrescar su mente y recuperar algo de ánimo, sentía que su cabeza estaba a punto de estallar, pero bebió demasiado hasta tambalearse, y pronto se sintió mareado y las cosas empezaron a desvanecerse de su alrededor y cayó en la calle inconsciente.
Un grupo de personas le rodearon y le levantaron, intentó recuperarse y les facilitó su dirección.
En la puerta encontró a Catherina sollozando, cuando le vio, se lanzó hacia él y le abrazó llorando, entonces le dijo:

• Estoy aquí, lamentablemente vivo, no muerto.

• Gracias a Dios, estaba muy asustada, ¿por qué piensas en suicidarte?

• ¡Para deshacerme de este robot que se llama George, el robot que no conoce el sentido de su existencia ni de su vida, y que cada segundo muere parte de su alma y sufre su espíritu, si no fuera por el anciano que he encontrado en el camino, y si no fuera por el vino, estaría descansando de esta vida!.

• ¿Qué anciano?

• No le conozco, pero estaba muy feliz”. Continuó con un tono burlón: “¡Y sabe por qué vive!

• No entiendo lo que dices, pero gracias a Dios que estás a salvo.

• Tampoco yo, todo lo que entendí era que el camino de la felicidad necesitaba voluntad, búsqueda y persistencia para encontrarlo.

• ¡El camino de la felicidad! Lo encontrarás, cariño, lo importante es que no pierdas la vida, te necesitamos.

• ¡Ja ja! Intentaré no perderla, para poder buscar la respuesta hasta encontrarla, y entonces seré feliz como aquél anciano.

De las expresiones de su cara, Catherina notó que estaba muy cansado, le agarró de la mano y le apoyó contra ella hasta llegar al dormitorio, se tumbó en la cama mientras los detalles del día saltaban en su mente como terribles fantasmas, hasta que el sueño le venció y se durmió.