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¡Disculpa!

¡Disculpa!

¡Disculpa!

Antes del encuentro que habían fijado los tres amigos, Rashid estaba preparado delante de su ordenador en espera de Michael y Rajeev. Poco después, aparecieron ambos y tras saludarse entre ellos, habló Rashid:

Rajeev, mencionaste en nuestra última tertulia que tenías algo que decir acerca de otras conductas de algunos musulmanes, y que era algo distinto de la falta de puntualidad.

Rajeev: Sí, he observado que vuestra falta de rigor al tratar con los demás no se limita a la impuntualidad sino que afecta a otros aspectos del arte de interactuar con los demás.

Rashid: ¿Cómo? ¿Has observado alguna falta de educación o discreción en mi trato?

Rajeev: No, no… disculpa. No me refería a nada personal. Sin embargo, hablo de una realidad palpable de forma general. En visita a un restaurante vi un cartel que ponía: “Prohibida la entrada de perros y árabes”. Me sentí indignado por ese cartel y hablé con el propietario del restaurante y le pregunté acerca de la razón por la cual puso esa inscripción. Es verdad que noté en él algo de arrogancia, pero presentó argumentos razonables que explicaban su conducta. Me dijo que su restaurante es un lugar de lujo al que vienen príncipes, ministros y gente de mucho renombre. Y ántes recibía a grupos de jóvenes árabes, pero el comportamiento de éstos molestó al restaurante y a sus comensales.

Una vez, un grupo de jóvenes árabes se pusieron a mover mesas como querían, a pesar de la insistencia de los empleados en que no lo hicieran, lo cual causó un caos y molestó a todo el restaurante.

Otra vez, se pelearon y empezaron a discutir en voz muy alta…

Algunos comían con las manos y sumergían sus dedos en sus platos, lo cual hizo que la gente sintiese asco.

Alguno, incluso se rascó la espalda con el tenedor.

El propietario dijo que perdió a muchos clientes por culpa de esas conductas irritantes. Por lo cual, decidió poner fin a este asunto prohibiendo la entrada de árabes a su restaurante.

Rashid: Muchas cosas de las que has dicho son verdaderas. No obstante, tal y como os dije antes, hemos dado una mala imagen de nosotros mismos a los demás. Pero una vez más, corrijo el error de vincular estas conductas erróneas con el Islam.

Michael: ¿También vas a achacar estas conductas a la influencia del entorno?

Rashid: Efectivamente, no puedo dejar de lado e ignorar la influencia del entorno, además de la mala educación que recibieron semejantes jóvenes.

Michael: Entiendo lo de la mala educación, pero no entiendo lo del entorno en cosas así.

Rashid: Te daré un ejemplo para que entiendas esta influencia. Vosotros, por ejemplo, vivís en países que sabemos que se encuentran en zonas frías de la tierra. Por lo tanto, el invierno aquí es más largo y mucho más frío. En él cae con abundancia la lluvia y la nieve y soplan vientos muy fríos. En tal ambiente, el ser humano no puede sobrevivir sin prepararse para estas condiciones y tomar las precauciones necesarias para hacerles frente. Por ello, es indispensable por ejemplo planear las casas y los edificios de una forma que tenga en cuenta estas condiciones. A la hora de llevar a cabo las obras, es importante hacerlo con precisión y rigor. Por ejemplo, es necesario construir los techos y las ventanas con gran precisión para que no entre agua y aire frío. Asimismo, es necesario tener en cuenta estas condiciones y tener un sistema de calefacción idóneo y preparar todo lo que dicho sistema necesitará durante toda la estación. Todo ello, se traduce en conductas que se caracterizan por la precisión, el rigor y la planificación.

Mientras, en nuestros países no se dan esas duras condiciones climáticas. El ser humano no siente en ellas la necesidad de tales valores conductuales que buscan su supervivencia. Así pues, si se dejase que dichas personas sean influenciadas por su entorno, el caos sería una característica de las vidas de muchos de ellos. No olvidemos que nuestro entorno, que normalmente es desértico, se caracteriza por la sequía que quizás se refleje en la sequía en nuestros sentimientos.

Rajeev: Entonces, ¿dejamos que estas personas vivan en tal entorno sin educación conductual y sin organizar sus vidas? ¿Acaso podemos darles excusas para que sigan viviendo una vida caótica sin saber comportarse con los demás?

Rashid: No, no es así. Yo os doy esta explicación para intentar saber la verdadera razón que se esconde detrás de estos fenómenos que observamos.

Rajeev: Si encontramos diferencias entre los pueblos occidentales y los pueblos orientales o islámicos en cuanto al clima, también encontramos diferencias en las religiones que prevalecen en ambas sociedades. ¿Por qué no considerar que el Islam también es una razón detrás de estos fenómenos de los que hablamos?

Rashid: El Islam organiza la vida y el tiempo del musulmán. Hizo de su trabajo una forma de adoración hacia Dios, alabado sea, dentro del concepto amplio de adoración que os expliqué anteriormente. Quizás, muchos desconozcan que la mayoría de las teorías y prácticas de etiqueta tienen como origen la religion islámica que llegó a Al Ándalus a través de los musulmanes. Después de su caída, dichas prácticas fueron tomadas de los musulmanes y se interesaron por ellas muchos países como Francia, España y Gran Bretaña que las desarrollaron, las organizaron y añadieron detalles a ellas hasta que nos llegaron en la forma que tenemos actualmente.

Michael (riendose): Vosotros, los musulmanes, por culpa de vuestro fanatismo, por vuestra religión, queréis reivindicar cualquier cosa positiva para vuestra religión. Ni siquiera te pediré que pruebes esta pretensión porque sé de antemano que ello requeriría una larga investigación. Simplemente, te pido que pruebes que estas reglas de conducta existen en el Islam.

Rashid: El Islam reguló la conducta y los modales del individuo en todos los aspectos de la vida. Existen reglas numerosas que mencionan tanto el Sagrado Corán como la Sunna profética que podemos categorizar en diferentes campos de los modales de etiqueta.

Michael: Esas son palabras muy generales, amigo mío. Por favor, danos ejemplos de lo que dices para que cobre credibilidad.

Rashid: Os daré algunos ejemplos para aclarar lo que dijo. Miremos, por ejemplo, cómo trataba el Mensajero del Islam a su esposa y a sus hijos:

Si viésemos a un hombre abrir la puerta de su coche para su mujer, diríamos que es un hombre de mucho estilo y tacto. No obstante, el Mensajero se arrodillaba en el suelo y pedía a su mujer que pisara su muslo para montar en su camella.

El Mensajero de Dios trataba a sus esposas, sus hijos y sus criados con toda compasión, indulgencia y delicadeza. Una vez, el Mensajero de Dios estaba postrado en el suelo liderando a los musulmanes en la oración, y de repente vino uno de sus nietos pequeños y se subió a su espalda. El Mensajero de Dios, no se movió hasta que el pequeño se bajó de su espalda. Todo ello en respeto a ese niño.

El Islam incitó a tener modestia y humildad. Y sin duda, el Mensajero del Islam fue un ejemplo de ello. A pesar de que él, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, era un Profeta respetado por sus compañeros, y a pesar de liderar el Estado Islámico, siempre fue extremadamente humilde. Mostraba esa humildad extrema incluso con sus criados, ya que lavaba su ropa por sí mismo, no ordenaba a sus criados hacer algo por encima de lo que soportaban y cuando les pedía algo, él mismo les ayudaba. Y su humanidad se vio incluso con los no musulmanes. Una vez, pasó cerca de él el funeral de un judío, y el Mensajero de Dios se puso de pie. Todos los que lo rodeaban se quedaron perplejos. Él les explicó que la sacralidad de la muerte no distingue entre los humanos.

El Islam incluso relaciona la forma de andar de uno con su conducta y sus modales. El Corán define las reglas morales a la hora de andar. consiste en no alzar demasiado la cabeza mientra uno anda, en señal de altivez ante la gente, ni tampoco bajarla demasiado e inclinarse dando a entender que uno es humillado. Dios, alabado sea, dice: “Y no apartes la mejilla de la gente por soberbia, ni camines por la tierra con arrogancia: pues, ciertamente, Dios no ama a quien, por presunción, actúa de forma jactanciosa. Así pues, camina con modestia”. [Luqman: 18-19]

Rajeev: Y si veo de nuevo al propietario de ese restaurante, ¿acaso puedo transmitirle una imagen diferente de la que él vio y observó a través de los comportamientos de esos jóvenes?

Rashid: Te mencionaré algunos modales islámicos que tienen que ver con lo que me has contado acerca de esa mala conducta de ese grupo de jóvenes y otros que vienen a ese lugar o a cualquier otro:

Entre estos modales está que el Islam ordenó saludar a los demás, incitó a difundir el saludo de paz en toda la sociedad; nos llamó la atención a que eso es un motivo de amor entre la gente e hizo que responder al saludo fuese una obligación religiosa y no sólo un modal social. Asimismo, el Islam ordenó no hablar con la comida en la boca, no saludar a alguien que está intentando dormir, y a bajar la voz en presencia de personas dormidas.

El Corán nos dice que no alcemos la voz si no se trata de una necesidad: “Y baja la voz: pues, ciertamente, la voz más desagradable es la voz [estridente] del asno”. [Luqman:19] E incluso describió cómo personas faltas de razón a quienes vienen a la puerta de alguien y lo llaman a alguien en voz alta: “Los que te llaman desde fuera de tus habitaciones privadas, la mayoría de ellos no razonan”: [Al-Huyurat:4]. El Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, nunca gritó a alguien ni alzó su voz en absoluto.

El Islam ordena la higiene continua y en todas partes: en el lugar donde uno se sienta, en su comida, en su casa, fuera de su casa… Y estableció modales para comer y beber. Así pues, en épocas en las cuales la humanidad aún no conocía los utensilios de cocina como son los tenedores y las cucharas, y carecía de platos en la mayoría de los casos. El Profeta, la paz de Dios sea con él, desaconsejó comer con más de tres dedos y meter la mano en el plato. Nos indicó comer de la parte más cercana a nosotros y a no beber el agua de un solo sorbo, sino dividirla en tres sorbos tomando un respiro entre ellos. Nos aconsejó no llenarnos demasiado con la comida y la bebida. Tuvo en cuenta la dimensión emotiva y social que puede surgir a través de la comida. Por ello, hizo de la comida una vía para crear amor y unión entre los miembros de la sociedad. Incitó a dialogar mientras comemos con un huésped para que no se sienta sólo y tenga vergüenza de comer. El Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, daba de comer con su mano a su esposa y decía: “El mejor acto de caridad, es un bocado que el hombre pone en la boca de su mujer.” El Profeta, la paz sea con él, bebía del mismo lugar del vaso donde había puesto sus labios su mujer Aisha, que Dios esté complacido con ella. El Islam establece una relación entre la comida y la adoración de Dios, glorificado sea. Así pues, ordenó mencionar el nombre de Allah, alabado sea, antes de comer y agradecerle después de terminar.

Michael: Disculpa que te diga Rashid, que existe una gran diferencia entre vuestra religión y vuestras conductas. En realidad, en este tema, nosotros nos acercamos más a las enseñanzas de vuestra religión que vosotros.

Rashid: Por desgracia, lo que dices es verdad.

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