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Las propiedades de la legislación

Las propiedades de la legislación

Las propiedades de la legislación

De una fuente divina

El origen de la religión islámica es el Creador Grandioso que creó al hombre, al universo y a todo en cuanto éste contiene. Su origen divino le confiere una serie de cualidades y propiedades. Entre ellas está el hecho de que Dios es el Creador y es el Señor, y por lo tanto es el único que tiene el derecho de legislar. Tanto los profetas como sus seguidores atribuían la legislación únicamente a Dios, glorificado sea, y declaraban nula cualquier legislación que proviniese de cualquier otro origen. Dios, exaltado sea, le manda decir a su Último Profeta y Mensajero acerca de Sus leyes: “Di: “No soy el primero de los enviados [de Dios]; y [como todos ellos,] no sé qué será de mí ni de vosotros; sigo únicamente lo que me ha sido revelado: pues no soy más que un advertidor explícito.”” [Al.Ahqaf:9]

Así pues, el mensajero de Dios, a pesar de su honorable estatus y su elevada condición, sigue la ley legislada por Dios, alabado sea, y revelada a él. No innovó ni trajo nada nuevo, sino que siguió Su método y no salió de él. El hecho de que Dios, alabado sea, es el Creador de todo, conlleva que Él es el mejor Conocedor de su creación. Dijo, glorificado sea: “¿Cómo es posible que Aquel que ha creado [todo] no sepa [todo]? ¡Sí, sólo Él es inescrutable [en Su sabiduría], consciente de todo!” [Al-Mulk:14]

Él conoce mejor la Filtra de Sus siervos, de aquello que los beneficia y aquello que les perjudica, de toda causa de su prosperidad y todo a causa de su menoscabo. Nadie conoce la creación mejor que el Creador. Dios, el Altísimo, dijo: “Di: “¿Sabéis más vosotros o Dios?” [Al-Baqara:140]

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Anatioly Andrvosh

General ruso
LA RELIGION DE LA TRANQUILIDAD
“Es la primera vez en mi vida que siento seguridad y tranquilidad, y que mi vida tiene un valor. Ahora entiendo el significado de que Dios, al que no vemos, nos ve allá donde estemos, que observa nuestras acciones y las mide mediante una medida justa para que obtengamos nuestra recompensa digna en el Último Día.”

El hecho de que Dios es el legislador confiere a la legislación una justicia y una validez absolutas. Es inconcebible que Dios aventaje a uno de sus siervos en detrimento de otro siervo. Asimismo, los castigos en el islam son castigos que se llevan a cabo tanto en esta vida como en la otra. Por ello, quien no haya obtenido sus derechos en esta vida por alguna razón o no haya recibido su castigo debido a sus malas obras en esta vida, será juzgado en la otra.

Ético

Es bien sabido que la finalidad de cualquier ley no se logra con el simple hecho de legislarla. Más bien dicho propósito depende de que la gente la observe de forma complaciente y desde la convicción de que es lo conveniente. Además, dicha finalidad de la ley no se alcanza con el mero hecho de establecerla y de clarificarla, sino que es más bien cuestión de que sea llevada a cabo por parte de aquellos a quienes se les legisla. Dicha aplicación de la ley tiene que ser motivada desde dentro de ellos de sus corazones, y dicho incentivo es el resultado de la fe que tienen en la justicia de la ley su complacencia con ella, además de su firme creencia en que serán recompensados por el legislador a cambio de su obediencia complaciente de Sus leyes y Sus mandamientos.

Las leyes y mandamientos en el islam se basan en esa complacencia y convicción. Dios ordena enseñar el islam en base a estos principios: “Y háblales de sí mismos de forma incisiva.” [An-Nisa’:63] “Exhórtales, pues, [Oh Profeta]; tu tarea es únicamente exhortar: no puedes obligarles [a creer].” [Al-Gashiya:21]

Por ello, Dios define el mensaje de Muhammad, que la paz sea con él, en estos motivos. El mismo Profeta, que la paz sea con él, dice de sí mismo: “He sido enviado para perfeccionar las virtudes más nobles.”

Vincula lo mundano a lo eterno

Algo que caracteriza la legislación islámica y la destaca por encima de cualquier ley humana es que el islam establece recompensas y castigos tanto en esta vida como en la otra. La retribución de la vida después de la muerte es siempre más grande que aquella terrenal. Por eso, el creyente siempre siente una motivación fuerte que emana desde dentro de sí y le empuja a obrar y observar sus enseñanzas y leyes, seguir sus ordenanzas y evitar sus prohibiciones, incluso en el caso de poder escapar al cualquier castigo terrenal. Eso se debe a que es consciente de que Dios le observa, sin despistarse ni dormir, y que la gente será llamada a rendir cuentas ante Dios por lo que han hecho en sus vidas terrenales. Dice Dios, glorificado sea: “¿Piensa, pues, que nadie tiene poder sobre él?” [Al-Balad:5]

Y dice también, alabado sea: “¿Piensa, pues, que nadie le ve?” [Al-Balad:7]

Social

La jurisprudencia islámica no da más prioridad a los intereses de una parte o de otra, ni se inclina por una persona en detrimento de otra. Es la solución para ese gran problema del que sufren las sociedades humanas que no han adoptado el islam como método y manera de vivir. Se trata del problema del conflicto entre los intereses individuales y los intereses generales o el bien común de la sociedad. Encontramos que en algunas sociedades reina de manera absoluta el interés individual, como es el caso por ejemplo del sistema capitalista, mientras que el sistema socialista se inclina a anteponer el interés de la sociedad y desestima el interés del individuo, confisca su necesidad innata a la idiosincrasia, la autonomía y la propiedad. De esta forma, la personalidad del individuo se marchita, se atrofian sus talentos, se oxida sus capacidades y sus habilidades. No obstante, el islam por otro lado estableció su sistema jurídico sobre la base del equilibrio entre estos derechos individuales y sociales. Vemos que respeta los intereses generales de la sociedad islámica, aunque al mismo tiempo no desestima las necesidades y exigencias del individuo musulmán. Por ejemplo, en el ámbito político encontramos que el gobernante tiene el derecho de que el pueblo le obedezca; sin embargo, ello está condicionado con que él mismo observe la legislación en su toma de decisiones y en sus decretos, teniendo en cuenta el bien común. De no cumplirse dichas condiciones, el islam los despojaba de ese derecho a ser obedecido. Por lo tanto, la obediencia del gobernador sólo es lícita sino conlleva la desobediencia de Dios, glorificado sea.

Inamovible pero flexible

El islam se sustenta sobre bases fundamentales inamovibles e inmutables derivadas de sus fuentes principales: el sagrado Corán preservado con la protección de Dios, alabado sea: “Ciertamente, somos Nosotros quienes hemos hecho descender, gradualmente, este recordatorio: y, ciertamente, somos Nosotros quienes en verdad lo protegemos [de toda alteración].” [Al-Hichr:9]

Y quien no es afectado por la falsedad: “No lo alcanza la falsedad, ni abierta ni furtivamente, [por ser] revelación de Uno realmente sabio, digno de toda alabanza.” [Fussilat:42]

Y la Sunna profética preservada y anotada con una precisión y un cuidado extremo. Los textos de ambos contienen normalmente las líneas generales de la jurisprudencia sin entrar en detalles relacionados con la aplicación de dichas leyes. Ello deja un amplio espacio de flexibilidad para que los eruditos deriven nuevas leyes según las diferentes circunstancias y condiciones. Se deja dicho espacio amplio y flexible para adecuar las leyes a los contextos y realidades cambiantes ya que lo importante es lograr los objetivos, -independientemente de los medios mediante los cuales se consiguen y los métodos que se siguen-, siempre y cuando no contradigan el texto sagrado o un principio de los principios de la jurisprudencia islámica. De ahí que la aplicación de los propósitos generales la jurisprudencia islámica se somete a un gran grado de flexibilidad y maleabilidad además de una disposición a la evolución. Además, no hay inconveniente en que surjan nuevas leyes antes desconocidas debido a la aparición de nuevas realidades que las exigen.

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